reflexiones / Autoconocimiento
Reconocer nuestros errores puede ayudarnos a comprender a los demás
Mirar tus propias faltas no tiene que servir para castigarte. También puede recordarte cuánto ayuda que alguien señale un error sin quitarte toda dignidad. Esa experiencia puede cambiar cómo corriges, cómo escuchas una disculpa y qué oportunidad ofreces para reparar. Ser comprensivo no consiste en olvidar lo ocurrido. Consiste en sostener la responsabilidad sin añadir un castigo que solo busca que la otra persona se sienta pequeña.
Recordar tus propios errores puede ayudarte a señalar el error de otra persona sin humillarla. Puedes pedirle que se haga cargo y repare el daño.
El contexto
Recordar un error puede servir para aprender, no solo para sentir culpa. Piensa en qué te ayudó a reconocerlo y a actuar de otra manera.
Decir «hice algo malo» no es lo mismo que decir «soy una mala persona para siempre». La primera frase permite preguntar a quién afectaste y qué puedes reparar. La segunda puede hacer que solo te castigues, sin cambiar nada.
Quizá alguien habló contigo en privado, explicó cómo le afectó tu error y te pidió que lo corrigieras. Eso pudo ayudarte más que una burla delante de todos. Cuando tengas que señalar un error, puedes hacer lo mismo: hablar con claridad sin humillar.
Decir «todos nos equivocamos» no basta para quien sufrió el daño. También hace falta preguntar qué debe cambiar y quién necesita ayuda. Recordar tus errores no es una razón para pasar por alto los de otra persona.
Comprender no obliga a dar oportunidades sin fin ni a confiar de nuevo. Puedes alejarte si el daño continúa. Pregúntate si tu respuesta ayuda a resolver el problema o si solo busca hacer sentir mal a la otra persona.
FAQ
Preguntas y respuestas
Preguntas y ejemplos editoriales inspirados en inquietudes públicas. No son testimonios de lectores.
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#022Un amigo te devolvió tarde un préstamo y ahora te pide otro. ¿Se lo darías?Una amistad devolvió tu préstamo tres meses tarde y dejó de responderte durante parte de ese tiempo. Ahora necesita otra ayuda y te promete actuar distinto.
Recordar tu propio atraso te ayuda a comprender su dificultad. Eso no elimina la desconfianza que causó al dejar de responderte.
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